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“De igual forma, un listado de trabajadores y ex trabajadores  fallecidos por enfermedades degenerativas o cánceres, nos confirman cuan malévolo es el proceso de ferroníquel”.

Por: Oswaldo Marchena Mendoza.

En twitter, @marchenojob.



Durante los últimos 5 años, 12 ex trabajadores de Cerro Matoso han muerto de cáncer y 9 por patologías cardiacas, cifras estas que debería, por lo menos, prender las alarmas en las autoridades de salud en Colombia; sin embargo no es así, solo un grupo de ex trabajadores de la mina adelantan acciones judiciales contra la empresa,  por lesiones personales y homicidio, tras considerar que los efectos del níquel minaron de forma severa su salud.

En los últimos 20 años, por causas asociadas al cáncer, han fallecido 22 ex trabajadores de Cerro Matoso, y 16 por problemas cardiacos. Llama la atención que el 90% de quienes han sufrido cáncer, fueron diagnosticados como cáncer de próstata. ¿Qué tiene que ver ese tipo de cáncer con las labores desarrolladas en la mina?, le pregunté a un ex trabajador, y su respuesta fue, “Desechos evacuados por la orina, lo cuales muchas veces  se quedan en el cuerpo”.

En septiembre de 2014, el Comité Pro Asociación de Ex Trabajadores y Pensionados de Cerro Matoso, publicó  en la página web del MOIR, bajo el titulo, El veneno oculto que mata a trabajadores de Cerro Matoso: “Asesores extranjeros que contrató la empresa para entrenarnos, entre los que se cuentan guatemaltecos, canadienses y norteamericanos, nos advirtieron que a la vuelta de unos 15 años aflorarían las enfermedades respiratorias y degenerativas de toda naturaleza. Caso omiso le hicimos a esas advertencias. Y si, transcurridos  no muchos años, murieron compañeros trabajadores, sin que alcanzáramos a entender la prontitud de dichos decesos”.

“De manera oculta el veneno de los gases metálicos del níquel y en general del proceso de ferroníquel hacían sus estragos. Cabe señalar entonces que; las muertes por infarto, ocurridas a lo largo de la historia laboral de Cerro Matoso, de los compañeros trabajadores; José María Monterrosa (cocoli), Ciro Barrera, Juan García, Jorge Cárdenas, Willy Hartman, Orlando Villa, luís Manchego, Manuel Contreras, Eliecer Benavides, Guillaurme Ortega, Joaquín Causil y Luis Arenas, tienen su puntual origen”.

La citada publicación, señala, “De igual forma, un listado de trabajadores y ex trabajadores  fallecidos por enfermedades degenerativas o cánceres, nos confirman cuan malévolo es el proceso de ferroníquel; ellos son, Jorge Anaya, Anastasio Camargo, Luís Guerra, Oscar Vanegas (El Meca), Hildelbrando Turizo, Carlos Cálao, Nicanor Causil, Álvaro Moreno, Jorge Luís Hoyos y los más recientes, Pedro Nisperuza, Alexo Villadiego (contratista), Ismael González y Rodrigo Rodríguez.

Julio Acosta, Darío Chaverra y  Luís Martínez, son las nuevas víctimas de los estragos del níquel, en lo que va corrido del presente año. El pasado 19 de mayo, falleció en una clínica de Montería, Julio Acosta, ex trabajador de Cerro Matoso, quien paradójicamente lideraba, junto a un grupo de ex trabajadores acciones jurídicas contra la empresa. El dictamen médico en su momento estableció que se habían detectado metales pesados en su cuerpo, níquel, hierro, mercurio y otros. Este año, Luís Martínez y Darío Chaverra, ex trabajadores de la empresa, fallecieron de cáncer. A nosotros nunca nos hicieron exámenes para determinar la presencia, o no, de níquel en el cuerpo, afirmó uno de los ex trabajadores afectados.

La Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (IARC), define al níquel como cancerígeno, tras argumentar que el níquel y sus compuestos está listado en el Grupo 1.Carcinógeno para el hombre. Cáncer primitivo del etmoides y de los senos de la cara. Cáncer bronquial.

La batalla jurídica.

Una acción de grupo de ex trabajadores de Cerro Matoso, pretende una indemnización por daños a la salud. En ese sentido, el Juzgado Tercero Administrativo Oral del Circuito Judicial de Montería, avaló el fondo de la reclamación, que es la no prescripción de la acción vulnerante, que pudo y puede seguir afectando a la comunidad trabajadora, y negó a los demandados  (Cerro Matoso, ARP Colmena, y Ministerio de Protección Social), los argumentos de la defensa, a favor de desconocer una posible omisión en la vigilancia de la actuación y cumplimiento de la empresa  en lo concerniente a minimizar los riesgos de exposición al níquel y sus compuestos, a los trabajadores.

Nada que arranca el estudio de salud ambiental.

En el año 2103, protestas de indígenas y comunidades negras que habitan en los alrededores de la mina, se levantaron gracias a un acuerdo suscrito entre Cerro Matoso, representantes de la población y el gobierno nacional. El corazón de aquellos acuerdos, incluyó la financiación por parte de la empresa de un estudio de salud ambiental, dirigido a establecer un diagnóstico sobre si la actividad de la mina afecta la salud de las comunidades.

El acta de entendimiento de las partes se firmó el pasado 29 de octubre de 2013, y sin embargo, a pesar que parte de los compromisos se vienen cumpliendo, nada que seleccionan a la entidad que se encargará de realizar el mencionado estudio, para lo cual se aprobó una inversión de 2 millones de dólares.