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La Comisión Nacional Electoral, organismo politizado, donde sus magistrados son abiertamente cuotas de grupos políticos, y pasaron por alto millones y millones de dólares en coimas de Odebrecht a las campañas de Santos y Zuluaga, ahora pretende frenar el proceso de la revocatoria al alcalde Enrique Peñalosa investigando un préstamo y hasta un recibo de 2.000 fotocopias.


Recordemos. Sólo por señalar el caso del exsenador y político Héctor Elí Rojas que ahora es magistrado del CNE y al mismo tiempo, tiene a su hija, como cuota política al interior de la alcaldía de Peñalosa. Este y muchos casos son la constante en esta institución que supervisa los supuestos derechos de los ciudadanos a participar en la política dentro de la ley colombiana.

Criticamos y criticamos lo que pasa en Venezuela, pero al mismo tiempo, hacemos oídos sordos de lo que pasa con la tradicional y corrupta política colombiana. Sea la que sea la decisión de esta institución frente a la revocatoria, el daño ya está hecho. Por un lado, con todas estas dilataciones se permite que el señor Peñalosa siga robando el erario público de la ciudad; o por el otro lado finalmente se deslegitima la voluntad popular del pueblo Bogotano que en las calles recolecto más de 700000 firmas.

En cualquiera de los dos casos, queda absolutamente claro que la democracia colombiana es una farsa. La oposición en la rama legislativa dígase congreso de la república, concejos locales o asambleas de diputados es un pequeño sector que no representan ni la cuarta parte de estas instituciones y con su presencia legitiman esa vulgar democracia. El país se lo pelean entre la oligarquía y el fascismo que son dueños de absolutamente todos los medios de información, y el pueblo que no tiene absolutamente nada, ávido de algún trabajo o plato de comida, vende su voto al mejor postor.

La revocatoria a Peñalosa reafirma que las leyes en este país son para los de ruana. Más del 65 % de los colombianos no creen en la política ni di un lado ni del otro, consideran que en la política no hay ninguna clase de solución. Es el momento de pasar de un abstencionismo pasivo a un abstencionismo activo, la clase popular entre ella trabajadores, estudiantes y campesinos deben volver a las calles y retomar su papel histórico con las comunidades excluidas de nuestro país. Los que creemos en un nuevo país y una nueva Colombia debemos dejar de creer que en las urnas esta la solución, como decían por hay el pueblo está cansado de discursos y promesas, hagamos causa común y reafirmemos que la democracia colombiana es una absoluta farsa.

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